AMBIENTE Y POLÍTICA: NUEVA NOTA DE DIVULGACIÓN
¿Vivimos en el Antropoceno?
Reflexiones en torno a la evidencia, negación y posible reivindicación de la nueva era
…si aceptamos que los sistemas sociales son productos sociales que contribuyen a hacer el mundo, que no sólo reflejan las relaciones sociales sino que ayudan a constituirlas, entonces, dentro de ciertos límites, es posible transformar al mundo transformando su representación (Bourdieu y Wacquant, 2014: 38-39).
Los dos “nacimientos” del Antropoceno
El Antropoceno es una palabra compuesta que significa “Era del hombre” y se comenzó a utilizar hace más de 20 años para definir los tiempos actuales. El término se propuso para referirse a una nueva era geológica, la sucesora del Holoceno. De aceptarse el término, para una gran mayoría de autores que postulan y trabajan en el marco del Antropoceno, el Holoceno comprendería desde el final de las últimas glaciaciones e inicio de la agricultura hasta mediados del siglo pasado.
Cuenta el mito fundacional de tal término que Paul Crutzen -premio nobel de química por sus trabajos en relación al descubrimiento del agujero de la capa de ozono- participando de una conferencia en Cuernavaca (México) en el año 2000, escuchó a alguien referirse a la era actual como Holoceno. Crutzen no pudo con su genio y lo interrumpió diciendo que ya no vivimos en aquella era, sino en el Antropoceno. Según el propio Crutzen, se trató de un pronunciamiento espontáneo, ya que nunca trabajó con ese término con anterioridad (Schwägerl, 2015; Steffen, Crutzen y Stoermer, 2013). Sin embargo, poco después, se enteró que el limnólogo Eugene Stoermer ya utilizaba el término, aunque de un modo informal y sin proponerlo, efectivamente, como una nueva era (Trischler, 2017). Poco tiempo después, ambos propusieron formalmente al Antropoceno como la era geológica en la que vivimos actualmente en una publicación conjunta (Crutzen y Stoermer, 2000).
Los autores señalaron allí que los seres humanos se convirtieron en la fuerza geológica más poderosa y determinante desde hace tiempo. En tal sentido, fecharon como inicio de esta nueva era al final del siglo XVIII, como resultado de la llegada de la Revolución Industrial.
A partir de entonces, proliferaron estudios e investigaciones que tienen al Antropoceno como eje, trascendiendo todos los límites de las ciencias. Poco a poco, el Antropoceno llegó a disciplinas artísticas y desembarcó, en cierta medida, en los medios a través de los que se informa el público en general (Autin y Holbrook, 2012)
Ante tal difusión del concepto, en el año 2009, se encomendó a un equipo especial, denominado Grupo de Trabajo del Antropoceno, dilucidar si es pertinente o no hablar de Antropoceno a partir del examen de diferentes parámetros geológicos. Este grupo debía remitir sus conclusiones a la Subcomisión de Estratigrafía del Cuaternario. Una vez evaluada por la Subcomisión, la propuesta debía remitirse a la Comisión Internacional de Estratigrafía, dependiente de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas.
La propuesta debe atender tres principios básicos:
- Debe tener una base sincrónica. Es decir, identificar un momento como comienzo del Antropoceno significativo a escala global. En otras palabras, el Antropoceno debe empezar al mismo tiempo en todo el planeta.
- Debe existir el llamado “clavo de oro” que confirme esa base sincrónica. Es decir, un registro material en la estratigrafía del planeta que permita dar por comenzado el Antropoceno.
- Debe indicar un rango temporal para el Antropoceno en la jerarquía estratigráfica formal, esto es: etapa, época, período, era.
A mediados del año 2016, el Grupo de Trabajo del Antropoceno presentó un adelanto de su trabajo. En ese adelanto, se sugirió la existencia de evidencia suficiente para considerar al concepto como unidad de tiempo geológica oficial. De los 35 miembros del grupo, solo hubo uno que se abstuvo. La propuesta también señaló la importancia de considerar al Antropoceno con la misma jerarquía que al Holoceno (Trischler, 2017).
El problema siguiente fue determinar en qué momento se ubica el nacimiento efectivo de esta nueva era. El Grupo de trabajo no se inclinó, en este sentido, por la propuesta de Crutzen y Stoermer. Las investigaciones de dicho Grupo señalaron a mediados del siglo XX como inicio del Antropoceno, con la llamada “Gran Aceleración”, cuando los efectos de las actividades humanas comenzaron a dejar una impronta inequívoca en el registro planetario (McNeill y Engelke, 2016; Steffen et al., 2016).
Entre las principales evidencias encontradas en el registro estratigráfico se pueden mencionar:
- Dispersión global de los isótopos radiactivos procedentes de pruebas nucleares (Hancock et al., 2014; Waters et al., 2016);
- Modificación del ciclo global del nitrógeno por la intensificación del uso masivo de fertilizantes agrícolas de origen petroquímico (Holtgrieve et al., 2011; Wolfe et al., 2013);
- Dispersión planetaria de materiales antrópicos como fibras sintéticas y plásticos (Zalasiewicz et al., 2016);
- Avance de la contaminación producto de las actividades industriales en prácticamente todas las regiones del planeta (Muir y Rose, 2007; Gałuszka et al., 2014);
- Pérdida de biodiversidad generalizada y avance de especies invasoras promovido por la actividad humana (Barnosky et al., 2011; Ceballos et al., 2015);
- Aumento acelerado de los niveles de CO2 atmosférico (IPCC, 2014);
- Alteración de los depósitos y flujos de materiales pétreos granulados por transporte de la actividad minera, la construcción y el avance de la urbanización (Ford et al., 2014) así como por la construcción de presas fluviales (Syvitski y Kettner, 2011).
Los trabajos citados son apenas una pequeña parte de la enorme profusión de artículos e investigaciones que se sucedieron con motivo de señalar evidencias sobre la afección que los seres humanos provocaron sobre el sistema tierra (Duarte et al., 2009; Ellis, 2011; MA, 2005; Rockström et al., 2009).
El Antropoceno negado
En el año 2023, el Grupo de Trabajo del Antropoceno finalmente presentó su propuesta formal del Antropoceno como reemplazo del Holoceno para los tiempos actuales, comenzando a mediados del siglo XX. En marzo de este año, se hizo pública la decisión de que el “Antropoceno” no será tomado en cuenta como una nomenclatura oficial de ningún tipo. Por lo pronto, esto es temporal. El debate acerca de la pertinencia del Antropoceno sigue vigente en algunas comisiones. Es decir, no se tomó en cuenta la propuesta del grupo específico al que se le había encomendado estudiar el tema.
Trischler en un trabajo publicado en el año 2017, ya había adelantado que no sería fácil que se acepte el Antropoceno:
No es seguro que la Subcomisión de Estratigrafía del Cuaternario apruebe sin críticas y propuestas de modificación la sugerencia y la turne al siguiente organismo científico superior, la Comisión Internacional de Estratigrafía. Su presidente, Martin J. Head, ha expresado escepticismo y ha sugerido que las muchas desventajas de la definición de una nueva época geológica superan a las pocas ventajas: la época del Holoceno sería recortada, algo que nunca había sucedido en los 200 años de historia de la geología. Toda la escala de tiempo geológica sería mutilada y convertiría una enorme cantidad de literatura sobre el Holoceno en obsoleta. Pedir a los conservadores expertos estratigráficos que acepten una propuesta de este tipo es una gran solicitud. Las objeciones de los estratígrafos oscilan desde argumentos puramente científicos, como cuestionar la duración a largo plazo de los posibles indicadores de este límite, como la presencia en los sedimentos de los isótopos radioactivos resultantes del uso y las pruebas de armas nucleares, que sólo persistirán durante 100 000 años, hasta las reservas morales, como que nombrar un intervalo en la historia de la Tierra por primera vez no sólo haciendo referencia a una sola especie, sino en “honor” de una especie que resultamos ser nosotros mismos, fortalecería la arrogancia que debemos superar si queremos crear un Antropoceno ecológicamente más robusto (Trischler, 2017: 48)
Es decir, hace varios años que existen dudas acerca de la aceptación formal del Antropoceno como un período geológico. En una nota brindada a The New York Times, el científico ambiental Ellis manifestó, a raíz de la votación reciente que en primera instancia rechazó al Antropoceno, que “Esta es una cuestión técnica y estrecha para los geólogos, en su mayor parte (…) no tiene nada que ver con la evidencia de que la gente está cambiando el planeta, la evidencia sigue creciendo».[1]
En este marco cabe preguntarse, ¿qué importancia tiene la manifestación de la Unión Internacional de Geología en relación a las investigaciones y trabajos que llevan adelante investigadores, ya sea de las llamadas ciencias sociales, humanas y naturales, como desde las disciplinas artísticas, comunicadores sociales, entre otros? ¿Debe dejar de pensarse en términos de “Antropoceno”?
En la misma nota citada, la micropaleontóloga McCarthy expresa: «Estamos en el Antropoceno, independientemente de una línea en la escala de tiempo (…) Y comportarnos en consecuencia es nuestro único camino a seguir».
Quizás, entre otras cuestiones, el problema sea de escala. Para los geólogos que estudian los procesos de formación y desarrollo de nuestro planeta, retrotrayéndose 4.600 millones de años atrás, puede ser irrelevante o no demasiado relevante, por citar un ejemplo, que los efectos de las pruebas nucleares “sólo” duren unos 100.000 años sobre la Tierra. Para quienes no son geólogos estudiando tremendas magnitudes temporales, 100 mil años no es para desmerecer, ni muchísimo menos. Dicho período es, aproximadamente, la mitad del tiempo que el Homo Sapiens lleva sobre la tierra y quizás exceda el tiempo que nos quede sobre la misma, en caso de seguir por este camino (Aguado, 2017).
El Antropoceno “recargado”
Que la ciencia está bajo ataque en nuestro país no es ninguna novedad a esta altura del 2024. Ataque que, en realidad, no se circunscribe a nuestro país. Trump se ha cansado de negar el cambio climático, más aún de negar su relación con la actividad humana[2]. Bolsonaro hizo su parte en Brasil[3]. De la misma manera ambos mandatarios fueron reacios a reconocer la última pandemia de Coronavirus[4].
En nuestro país el “negacionismo” llegó hasta las más altas esferas de la política. Javier Milei ha negado repetidas veces el cambio climático.[5] El Ministerio de Ciencia fue degradado a Secretaría y Lilia Lemoine, diputada de La Libertad Avanza, fue elegida recientemente secretaria 1era. de la Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en la Cámara baja. El problema básico es que Lemoine es lo que se llama una “negacionista”. En tal sentido, rechaza la llegada del hombre a la luna, tiene sus propias teorías en relación al último coronavirus y las formas de controlarlo y “curarlo” y, como si fuera poco, es terraplanista[6].
Ante tal panorama, la negación formal del término Antropoceno no ayuda demasiado. Posiblemente sea “pasto” para sumar a las posturas negacionistas que están a la orden del día, buscando “capturar” recursos y elementos disímiles, sesgados, a veces dudosos o directamente falsos, para sus teorías.
La confirmación formal del Antropoceno podría haber sumado en términos de discusiones y toma de decisiones tanto políticas como jurídicas. No hubiese sido determinante, pero habría ayudado en dichas tareas.
La pregunta, entonces, sigue siendo ¿qué postura deben tomar quienes trabajan, reflexionan, investigan bajo el paradigma del Antropoceno?
No es cuestión de resistencia a abandonar un marco de comprensión que sirvió y sirve para trabajar, reflexionar e investigar. Es cuestión de comprender que, a estas alturas, el Antropoceno, quizás a diferencia del Holoceno, el Pleistoceno, el Mioceno, entre otras unidades de tiempo geológicas, no le pertenece a los geólogos, ni a los paleontólogos, tampoco a los sociólogos, antropólogos y ecólogos.
Puede decirse que el Antropoceno pertenece a todos, de la misma manera que todos pertenecemos a una época en que la acción humana modificó hasta el más recóndito rincón del planeta. Más allá de tecnicismos o de oposiciones de “geólogos conservadores” (Head en Trischler, 2017: 48) el Antropoceno no está “de paso”. Parafraseando al recientemente fallecido Bruno Latour (2017:21):
No se termina, recomienza cada mañana. Un día es el ascenso de las aguas; otro, la esterilización de los suelos; por la noche es la desaparición acelerada de los bancos de hielo; en el resumen informativo de las 20, entre dos crímenes de guerra, nos enteramos de que miles de especies van a desaparecer incluso antes de haber sido debidamente clasificadas; cada vez, las mediciones del CO2 en la atmósfera son peores, más aún que las del desempleo; cada año que pasa, nos dicen que es el más cálido desde la inauguración de las estaciones meteorológicas; el nivel de los mares no hace sino ascender; la franja costera está cada vez más amenazada por las tormentas de primavera; en cuanto al océano, cada campaña de medición lo encuentra más ácido. Esto es lo que los diarios llaman vivir en tiempos de “crisis ecológica”. Desgraciadamente, hablar de “crisis” sería otra manera de tranquilizarse diciéndose que “ya pasará”; que la crisis “muy pronto quedará atrás” (…) De acuerdo con los especialistas, habría que hablar más bien de “mutación”: estábamos acostumbrados a un mundo; pasamos, mutamos a otro (Latour, 2017: 21)
Pensar en términos de Antropoceno, en fin, nos acerca a una comprensión más ajustada de la realidad que vivimos.
Según numerosos pronósticos, estamos en una situación muy delicada en términos geológicos, climáticos, ambientales y el panorama a futuro no presenta salidas claras. Aún está por verse si los seres humanos podemos realmente hacernos cargo de esta nueva era. Quizás quienes trabajan en la órbita del Antropoceno deban redoblar la apuesta y “hacerse cargo” de este concepto. Revalidarlo como una forma apropiada, quizás la más apropiada, para representar el tiempo en el que vivimos, en una búsqueda incesante por comprenderlo mejor, y comprender mejor el lugar que al ser humano toca en esta geohistoria.
Quizás, gracias a la forma en que el Antropoceno nos ayuda a pensar nuestro tiempo, el mundo se pueda transformar en algo mejor.
Bibliografía
Aguado, M. (2017). Llamando a las puertas del antropoceno. Iberoamérica Social: revista red de estudios sociales, 7, 41-59.
Autin, W. y Holbrook, J. (2012) Is the Anthropocene an Issue of Stratigraphy or Pop Culture? GSA Today, 22, 60-61.
Barnosky, A. D. et al (2011). Has the Earth/’s sixth mass extinction already arrived? Nature, 471(7336), 51-57.
Bourdieu, P. y Wacquant, L. (2014) Una invitación a la sociología reflexiva. Buenos Aires, Siglo XXI.
Ceballos, G. et al. (2015). Accelerated modern human–induced species losses: Entering the sixth mass extinction. Science advances, 1(5).
Crutzen, Paul y Stoermer, Eugene (2000). The Anthropocene. Global Change Newsletter, 41, 17-18.
Duarte, C. M. et al. (2009). Cambio Global: Impacto de la Actividad Humana sobre el Sistema Tierra. Colección Divulgación, CSIC.
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Ford, J. R. et al. (2014). An assessment of lithostratigraphy for anthropogenic deposits. Geological Society, London, Special Publications, 395(1), 55-89.
Gałuszka, A., Migaszewski, Z. M., y Zalasiewicz, J. (2014). Assessing the Anthropocene with geochemical methods. Geological Society, London, Special Publications, 395(1), 221-238.
Hancock, G. J. el al. (2014). The release and persistence of radioactive anthropogenic nuclides. Geological Society, London, Special Publications, 395, 265-281.
Holtgrieve, G. W. et al. (2011). A coherent signature of anthropogenic nitrogen deposition to remote watersheds of the northern hemisphere. Science, 334(6062), 1545-1548.
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Steffen, W. et al. (2016) Stratigraphic and Earth System Approaches to Defining the Anthropocene. Earth´s Future, 4, 324-345.
Steffen, W., Crutzen, P. y Stoermer, E. (2013) The ‘Anthropocene’ (2000). Robin, L., Sorlin, S. y Warde, P. (eds.) The Future of Nature. Documents of Global Change. Yale University Press. New Haven, 486.
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Trischler, H. (2017) El Antropoceno, ¿un concepto geológico, cultural o ambos? Desacatos 54, 40-57
Waters, C. N. et al. (2016). The Anthropocene is functionally and stratigraphically distinct from the Holocene. Science, 351(6269), aad2622
Wolfe, A. P. et al. (2013). Stratigraphic expressions of the Holocene–Anthropocene transition revealed in sediments from remote lakes. Earth-Science Reviews, 116, 17-34.
Zalasiewicz, J. et al. (2016). The geological cycle of plastics and their use as a stratigraphic indicator of the Anthropocene. Anthropocene.
[1] https://www.nytimes.com/2024/03/05/climate/anthropocene-epoch-vote-rejected.html
[2] Sólo como ejemplo, ya que las notas a este respecto abundan https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/actualidad/trump-vuelve-a-negar-cambio-climatico-y-cientificos-le-responden_13534
[3] https://elpais.com/elpais/2018/11/30/planeta_futuro/1543584550_559566.html
[4] Bolsonaro llegó a llamarla una “gripecita” https://www.youtube.com/watch?v=oYcPp1ZFETA
[5] https://elpais.com/argentina/2023-11-30/un-negacionista-en-la-casa-rosada-la-llegada-de-milei-pone-en-riesgo-la-agenda-ambiental-de-argentina.html
[6]https://www.pagina12.com.ar/736131-oscurantismo-y-desfinanciamiento-la-formula-cientifica-del-g
