El Proyecto Quimilero y la lucha contra el desmonte en el Gran Chaco
Te mencionamos tres ideas principales sobre la nota:
- El Gran Chaco, segunda ecorregión boscosa de América Latina, enfrenta una de las tasas de deforestación más altas del mundo, con graves impactos ambientales y sociales.
- El chancho quimilero, pecarí endémico y en peligro de extinción, se convirtió en símbolo de resistencia frente al avance del desmonte.
- El Proyecto Quimilero, liderado por la científica argentina Micaela Camino, combina ciencia y saberes comunitarios para defender el bosque chaqueño y fue reconocido con el Premio National Geographic.
Foto tomada por Pablo Luna Guía del Parque Nacional El Impenetrable (2025)
Entrevista a Micaela Camino por Mariano Novas
Cómo quema el fuego el monte
como sopla el viento y quema
así queman las historias
¡ay! de mi tierra.
Han de aprender a llorar
los pájaros que se han ido
nadie sabe del sachayoj,
es un desaparecido.
Desmonte, Roberto Cantos
Introducción
El Gran Chaco es la ecorregión más extensa de Argentina, abarcando más de 50 millones de hectáreas. Alberga el bosque seco más grande de América del Sur y concentra el 60 % de los bosques nativos del país. Sin embargo, atraviesa hoy una de las crisis socioambientales más profundas, entre 1985 y 2022 se perdieron más de 7 millones de hectáreas, principalmente en Santiago del Estero, Salta y Chaco (Montes Galbán, 2025). Solo en 2023, se registraron 125.000 hectáreas arrasadas por el avance del desmonte y la expansión de la frontera agropecuaria, lo que convierte a la región en una de las de mayor tasa de deforestación del mundo (UMSEF, 2023; Montes Galbán, 2025). Allí habitan comunidades indígenas y criollas que mantienen una relación íntima con el bosque y también especies únicas como el yaguareté, el tatú carreta y el chancho quimilero, el único pecarí exclusivo de la región. Esta última especie se encuentra incluida en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y podría desaparecer en menos de 30 años debido a la destrucción de su hábitat.
En ese escenario crítico, en 2010 nació Proyecto Quimilero, dirigido por la investigadora Micaela Camino, del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CONICET-UNNE). Su propuesta va más allá de la producción de conocimiento científico: apuesta por la co-producción desde el territorio, con métodos participativos y trabajo de campo junto a las comunidades locales para defender el Chaco Seco. Este compromiso colectivo ya le valió múltiples reconocimientos internacionales, entre ellos el Premio Whitley -conocido como el “Óscar verde”- y, más recientemente, el galardón otorgado por la National Geographic Society por su labor en la gestión y defensa del territorio.
El chancho quimilero es una figurita difícil de encontrar en el monte. Es capaz de resistir largos períodos sin agua y cumple un rol fundamental en el ciclo del bosque al dispersar las semillas de los árboles nativos. En esa tarea silenciosa, el quimilero se vuelve un símbolo de resistencia frente al avance del desmonte.
El diálogo con Micaela Camino invita a pensar alternativas desde el territorio y junto a las comunidades locales para conservar el monte, su biodiversidad y los modos de vida que dependen de él.
Para comenzar me gustaría que te presentes brevemente
Soy Micaela Camino, estudié la licenciatura de biología en la UBA, en la Facultad de Exactas y Naturales. Hice la orientación en ecología y, como me gustaba mucho la idea de estar al aire libre, empecé a trabajar como voluntaria en diferentes proyectos dentro del país. Cuando llegué al Chaco me di cuenta de que me quería quedar más tiempo, quería investigar mejor de qué se trataba este ecosistema. Cuando llegué, lo sentí en el cuerpo, es un bosque inmenso con mucha biodiversidad, con muchas especies muy icónicas como el yaguareté o el tatú carreta, pero también con especies grandes y desconocidas como el chancho quimilero, que es una especie de pecarí o chancho de monte que solo existe en esta región. El quimilero es el más grande que existe y pesa 40 kg o más y sin embargo tenemos todavía muy poca información, con decirte básicamente que no tenemos seguridad de la distribución que tiene la especie. En ese momento me pareció espectacular la oportunidad de explorar un territorio del cual hacía falta información científica y decidí quedarme.
Lo que a mí me termina atrapando del Chaco son estos bosques, que están habitados por personas que conviven con la naturaleza de una manera distinta a la que yo aprendí o conocía, pero que de algún modo resuena conmigo. Ellos tienen un saber que yo como ecóloga aprendí en la facultad, pero lo miran desde otro lugar, desde una perspectiva súper valiosa para complementar la información que yo puedo aportar. Y eso me interesó mucho: cómo unir esos saberes, cómo aprender de ellos a relacionarnos de otra manera con la naturaleza, a integrarnos como parte de ella, y pensar qué herramientas puedo yo ofrecer desde la academia.
Muestreos comunitarios del Proyecto Quimilero
Fuente: Proyecto Quimilero
Si le tuvieras que contar a alguien que no conoce el Gran Chaco, ¿Cómo lo describirías? ¿Qué desafíos enfrenta?
El gran Chaco es una región enorme, tiene bosques espectaculares, tiene un montón de biodiversidad, tiene gente, tiene riqueza cultural y tiene características realmente únicas, pero además tiene una contribución enorme en nuestra vida diaria, porque contribuye a regular el clima, a darnos suelos fértiles, a que no desborden los ríos. Son ecosistemas clave para nuestra vida. Es un pulmón verde gigante.
El mayor problema que tenemos hoy en la región chaqueña es el desmonte, la pérdida de ecosistemas naturales. Y para ser honesta, aunque yo trabaje más en los bosques, también se están perdiendo pastizales nativos y otros ambientes. Pero si nos enfocamos en el desmonte, en la pérdida de bosque específicamente, la situación es gravísima: tenemos una de las tasas de deforestación más altas del mundo. Esto significa que la velocidad con la que perdemos bosques en la región chaqueña está entre las más rápidas del mundo y es bastante impresionante verlo en persona. Creo que ese es el gran problema de la región: son bosques que se formaron en condiciones ambientales que hoy quizás ya no pueden repetirse.
Fuente: Martin Katz / Greenpeace
No podemos decir: “bueno, después se restaura, ponemos de nuevo animales silvestres y árboles”, porque no es así. Estamos hablando de bosques centenarios, que crecieron con otra humedad, con otros suelos. Son suelos muy finos, que al perder las raíces que los sostienen se vuelan fácilmente. Al mismo tiempo, al desaparecer la cobertura forestal, las napas subterráneas ascienden con el riesgo de salinizar las aguas dulces. Todo esto implica enormes dificultades y costos para intentar restaurar, y aun así el daño ya está hecho. Mitigar es importante, por supuesto, pero hablamos de mitigar, no de revertir. Y ahí aparece la complejidad.
Pérdida de bosques nativos en el Gran Chaco
Fuente: datos extraídos de Fundación Vida Silvestre y mapa extraído de Montes Galbán, E. (2025).
¿Por qué se desmonta? ¿Qué es lo que pasa?
Ahí tenés un abanico de problemas interconectados y muchos son sociales y políticos. Por ejemplo, el hecho de quién desmonta. Muchas veces la gente en los montes tiene que sacar árboles que se degradan por el forrajeo de sus animales, eso ocurre obviamente. Pero ese problema hoy en día ha quedado chico en comparación con el problema del desmonte industrializado con grandes máquinas asociado al agronegocio en general, donde hablamos de topadoras, cadenas en el medio del bosque para quitar todo lo que hay en el camino. Eso son miles de hectáreas en las que se pierde el bosque con toda su biodiversidad.
Pero, así como desaparece la diversidad del bosque, desaparece la diversidad cultural, desaparecen los habitantes tradicionales, que obviamente no tienen nada que hacer en una propiedad sin bosque, porque no hay forraje, no hay sombra, no hay agua, no hay comida ni medicina y son territorios muchas veces ancestrales, muchas veces con cementerios o espacios de alimentación. Entonces es muy grave también a nivel social y obviamente estamos ante el riesgo de una extinción masiva de especies en el Chaco.
No tenemos la cantidad de áreas protegidas necesarias ni están conectadas lo suficiente como para poder conservar la biodiversidad por sí solas, con lo cual este avance de la frontera agroindustrial contribuye a esta extinción masiva de especies asociada a la pérdida del bosque, asociada a la pérdida de las funciones de los bosques que, como decía antes, las necesitamos para sobrevivir.
Todo esto se combina con un efecto muy grande del cambio climático, donde vemos procesos de desertificación y erosión de suelos, con lo cual, si logras quedarte, tenés ese riesgo también de estar acorralado y tal vez con veneno encima. Por eso creo que estamos frente a un abanico enredado de problemas. Micaela y Sara tomando muestras en el Monte chaqueño
Foto tomada por Gastón Lo Coco
¿Cómo entra el Proyecto Quimilero en este contexto de desmonte industrializado?
Nosotros elegimos para trabajar -allá por 2010- la zona mejor conservada del Chaco argentino, entre Chaco, Formosa y Salta, donde todavía hay un gran bosque conservado. Y empezamos a trabajar ahí junto con pobladores locales, primero con entrevistas para saber las percepciones sobre la fauna silvestre, luego los problemas ambientales que había en ese momento y cómo los resolverían.
A partir de ahí y viendo el interés de la gente, sumado a lo poco que sabíamos sobre los animales y su ecología, nos pusimos a desarrollar un monitoreo comunitario de fauna silvestre, donde la gente, en sus actividades diarias, podía registrar los animales que veía, vertebrados medianos y grandes terrestres.
Y un día nos llegó el desmonte. Ya sabíamos que estaba en otros lugares, pero llegó a esta zona de una forma muy cruel. No hay aviso. Empiezan a pasar cosas que no entendés. Empezamos a ver que salían muchos camiones con madera, en las comunidades había gente que literalmente lloraba, faltaban hojas de los libros de actas de las comunidades indígenas, nadie sabía qué había pasado, pero los árboles se iban.
Había quienes decían que habían firmado sin saber qué, otros que no sabían leer ni escribir y también firmaron. “Me dijeron que iban a cortar 100 y cortaron 1000”. “Me dijeron que, si no cortaban los árboles, no me daban el título de la tierra”. “Me dijeron que…” Yo no sé qué pasó. Tampoco creo que sea mi rol saber qué pasó, pero los árboles se iban y los bosques que íbamos a estar monitoreando no estaban más. ¿Qué íbamos a estar monitoreando si habían desmontado? Incluso colegas se fueron, dijeron: «Yo así no puedo laburar.»
Y en ese contexto, que es muy doloroso, porque se generan también muchos conflictos sociales, mucho dolor de la gente más grande, los viejitos, los jóvenes, quedan totalmente desamparados en un limbo que no es ni chicha ni limonada. No hay monte, pero tampoco hay nada, “nada” de lo que puede tener nuestra cultura, ¿no? Quedan ahí en una especie de desierto que ni siquiera es desierto, porque los desiertos son naturales.
En ese contexto, hablé con Hugo Correa -que es el codirector del proyecto- y le dije: «Mira Hugo, para mí si nos quedamos hay que redoblar la apuesta.» Y bueno, ahí dijimos, “Dale, vamos a hacer un grupo que oficialmente se va a llamar Proyecto Quimilero”. “Nos vamos a enfocar en esta especie que es endémica”, que está en peligro de extinción, que necesita los bosques para sobrevivir y por eso nos permite abordar como problemática todo el ecosistema, o sea, el socio ecosistema boscoso. Y ahí fue cuando formamos Proyecto Quimilero, realmente, y además de hacer ciencias, como veníamos haciendo, investigación, que de todas formas ya era participativa y que era horizontal, ya buscaba métodos nuevos para unir saberes y demás, le agregamos todo lo que tiene que ver con talleres para intercambiar saberes, pero que tienen que ver con normativa, con derechos, con cómo funciona una asociación, cosas que sirvan el territorio, solo para el territorio, con talleres para que puedan hacer los mapas de sus lugares, decir qué hacer con eso.
Foto tomada por Pablo Luna Guía del Parque Nacional El Impenetrable (2025)
Este año te otorgaron el Premio National Geographic ¿Cómo llega este reconocimiento en este contexto?
Aveces parece que las cosas están puestas de algún modo y que uno va transitándolas como algo mágico, no sé cómo decirte, pero la verdad es que es algo que necesitábamos un montón, un montón. Este es un proyecto independiente, todo lo que hacemos es a pulmón y los chicos que están en el territorio están haciendo magia con los fondos que conseguimos.
Pero también es importante en este contexto. La situación del CONICET es muy triste. Hay todo un malestar y no sabés si en cualquier momento te toca a vos. No solo que te dejan sin laburo o sin los becarios, que es dolorosísimo, sino todo lo que está ocurriendo con el resto de instituciones. Te doy un ejemplo: había 60 familias de la zona más vulnerable de nuestro país cobrando un estipendio por participar de programas de co-construcción de saberes que estaban mapeando sus propios territorios, monitoreando la fauna, lo que cazaban, un intercambio de saberes entre ancianos y jóvenes, un rescate de algún modo a través de ese proyecto de jóvenes. Estas familias de un día para el otro dejaron de cobrar porque el programa se cerró. No tengo con quién hablar, porque el ministerio no existe más. No tengo cómo bajar a otros programas porque el INTA también está todo desregulado. Está desregulado el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, o sea, no existe. Entonces, no es solo el CONICET, es todo tu alrededor el que se te desmorona. El ánimo de la gente está difícil. Y en este contexto tan doloroso, llegó el premio, que es como un respiro, como un alivio, como un empujón, diciéndonos “dale, que van bien, este es el camino”.
Fuente: Diario El Norte (2025)
Llevarme el premio, no como el premio en sí, sino decir, «Bueno, chicos, entre todos, miren hasta dónde llegamos, estamos acá en el centro de Washington contando lo pasa en Chaco”. Entonces, eso te da un gran envión y un gran sentido de responsabilidad de decir, «No quiero que esto se caiga, es más, quiero dar una mano, incluso a los que no están en mi grupo, para solicitar fondos. Y creo que este premio sirvió para darme envión y sumar a los que se quieran prender, porque también no todos pueden seguir adelante, porque estamos remando en dulce de leche y lo que está pasando con el estado es muy grave, mucho más grave de lo que a veces uno puede tomar noción.
¿Cómo te imaginas de acá a 10 años el Chaco Seco?
Depende del día —dice Micaela entre risas—. Yo trato de tener una visión a largo plazo, y esa visión tiene que ver con la autodeterminación de los pueblos, que la gente tenga todas las herramientas y los derechos para decidir lo que quiere hacer en su territorio. Confío plenamente en que ese deseo es vivir bien, en armonía con la naturaleza, con ingresos, con salud, con comida. Un verdadero desarrollo. En diez años, no sé si esto sucederá. Mi visión incluye a mis estudiantes dirigiendo sus propios grupos de investigación, que todo esto se haya multiplicado mucho más. Pero no suelo pensar en plazos rígidos de cinco o diez años, me resulta muy difícil visualizarlo. Prefiero proyectar más lejos y caminar en esa dirección. Creo mucho en la intuición. Si sobre planificamos, podemos arruinar las cosas, porque tratamos de encajar en un plan fijo que quizá no sirve.
Lo que sí sé es que de acá a unos años quiero que los proyectos sigan orientados hacia lo mismo: que la conservación sea inclusiva, que respete los derechos de quienes habitan los territorios, que construya con ellos y no sin ellos. Porque la única forma de conservar es uniendo nuestros saberes.
Foto tomada por Gastón Lo Coco
Agradecimientos: A Dr. Gastón Lo Coco (MACN-CONICET) y a Pablo Luna (Guía del Parque Nacional El Impenetrable) por colaborar con sus fotografías increíbles para ilustrar la nota. A Juan Martin Azerrat y Ricardo Gutiérrez por la edición del texto.
Referencias
Montes Galbán, E. (2025). Transformaciones en las coberturas y usos de la tierra: Análisis de la deforestación en la ecorregión Chaco Seco, Argentina (1985-2022). Geográfica Digital, 21(42), 6–23.
Jefatura de Gabinete de Ministros, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (2023). Monitoreo de los bosques nativos. Argentina.gob.ar. https://www.argentina.gob.ar/ambiente/bosques/umsefUMSEF 2023. Monitoreo de los bosques nativos. Disponible en https://www.argentina.gob.ar/ambiente/bosques/umsef
Nanni, A. S., Gasparri, N. I., Grau, H. R., Kuemmerle, T., Müller, R., Naumann, M., … Zak, M. R. (2020). Presiones sobre la conservación asociadas al uso de la tierra en las ecorregiones terrestres de la Argentina. Ecología Austral, 30(2), 304–320. Asociación Argentina de Ecología. https://doi.org/10.25260/EA.20.30.2.0.1102








