Por qué NO derretir la Ley de Glaciares
Te mencionamos tres ideas principales sobre la nota:
- Los glaciares y el ambiente periglacial son reservas estratégicas de agua: en regiones áridas de los Andes pueden aportar más del 50% del caudal de los ríos en períodos de sequía, y su importancia aumentará con el cambio climático.
- Modificar la ley para habilitar actividades en zonas periglaciares implica poner en riesgo reservas hídricas estratégicas, que hoy sostienen el abastecimiento de agua, la producción y los ecosistemas en gran parte del país.
- La Ley de Glaciares no fracasó: los problemas en su implementación se deben a incumplimientos de organismos estatales, no a la ley ni al trabajo científico del Inventario Nacional de Glaciares.
Por qué NO derretir la Ley de Glaciares
Por Facundo Rojas, Sebastián Crespo, Lucrecia Wagner, Ezequiel Toum y Guillermina Elías*
De la misma manera que equidad no es igualdad, la discusión sobre el federalismo en temáticas ambientales también requiere una amplia reflexión e historización (Gutiérrez, 2012; Rojas y Wagner, 2016; Langbehn, 2017; Isla Raffaele, 2022). El problema de la coparticipación federal de recursos fiscales es un claro ejemplo de que la aplicación del federalismo, en nuestro país está lejos de ser una cuestión de “sentido común”. Juicios por la “Promoción Industrial” entre Mendoza y otras provincias y el conflicto por el agua en el río Atuel, entre otras problemáticas, nos debieran enseñar que cada dilema tiene su particularidad. Nación y provincias no son variables de una ecuación despojada de intereses, trayectorias y agencias (humanas y no humanas).
Con la actual reforma a la Ley de Glaciares se apela a un falso federalismo, donde las provincias pasarían de una participación activa (pero no absoluta, como determina la ley vigente) a poseer el control total sobre qué hacer y qué no con un glaciar (sea descubierto, cubierto o de escombros), decisión que podrían tomar sin considerar la evidencia científica sistematizada a lo largo de los últimos 16 años en Argentina y otros países del mundo. La ciencia de calidad indica que absolutamente todos los glaciares (cualquiera sea su tipo) son recursos hídricos estratégicos.
En nuestro país, la competencia técnica para el estudio y relevamiento de cuerpos de hielo reside mayoritariamente en organismos como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y los centros de investigación del sistema universitario, ambos pertenecientes o financiados por la Nación. Ante este escenario, resulta problemático que se pretenda desplazar un criterio de protección basado sobre un inventario de referencia internacional hacia órbitas provinciales que no cuentan con las mismas garantías de especialización ni infraestructura científica.
Los glaciares y el ambiente periglacial se ubican en áreas preferenciales de acumulación nívea, constituyendo zonas donde se genera el agua que escurre por los ríos y donde se recargan las napas de agua subterránea. Si bien su contribución es constante, en cuencas áridas con escasez estructural de agua su rol es vital: durante ciclos secos, en los Andes centrales, aportan más del 50% del caudal estival, compensando el déficit de precipitaciones frente a la demanda socioeconómica (Peña y Nazarala, 1987; Ohlanders et al., 2013; Ayala et al., 2020; Crespo et al., 2020a, 2020b, 2025; Toum et al., 2025).
Esta dependencia se agudizará bajo los escenarios de cambio climático, que proyectan una disminución del 30% en las precipitaciones andinas (Boisier et al., 2025; Álvarez-Garretón et al., 2023). Más allá de lo productivo, estos cuerpos de hielo sostienen ecosistemas de alta biodiversidad, como los humedales altoandinos. Por ello, cada cuerpo de hielo inventariado en el ING representa un recurso crítico, incluso aquellos con tasas de derretimiento reducidas o percolación profunda constituyen una reserva estratégica. Cada aporte suma en la dinámica «gota a gota» que garantiza el abastecimiento en zonas amenazadas por la crisis climática actual.
Glaciar de escombros El Paso, San Juan
Fuente: Inventario Nacional de Glaciares: https://www.glaciaresargentinos.gob.ar/?pirenko_portfolios=san-juan
En este contexto, los glaciares de escombros presentan una ventaja comparativa frente a los glaciares descubiertos: su capa de detritos actúa como un aislante térmico que reduce significativamente su derretimiento. Si bien esto resulta en un menor escurrimiento superficial inmediato, garantiza un flujo hídrico constante. Por ello, la noción de su «bajo aporte» actual es cuestionable; por ejemplo, en la cuenca del río Putaendo (Chile), se demostró que estas crioformas contribuyen con el 56% del caudal estival (Crespo et al., 2025), lo que prefigura una contribución proporcionalmente vital ante las disminuciones de precipitaciones y retracción de glaciares descubiertos proyectadas. Asimismo, su estructura porosa facilita la infiltración profunda y la recarga de acuíferos, consolidando su papel fundamental en la regulación del ciclo hidrológico. No obstante, la cuantificación de esta recarga subterránea presenta una alta complejidad técnica, cuya determinación requiere el despliegue de unidades científicas especializadas y metodologías de monitoreo avanzadas.
Desde una perspectiva socioeconómica, replicar artificialmente la capacidad de almacenamiento que estas crioformas ofrecen de manera natural exigiría una inversión colosal en infraestructura de alta montaña, con los consecuentes riesgos y costos de mantenimiento. A modo de ilustración, sustituir la reserva hídrica de los más de 4.000 glaciares de los Andes centrales chilenos —desde Atacama hasta el Maule, con más de 28,5 km3— (Segovia y Videla, 2017) requeriría una inversión superior a los 57.000 millones de dólares solo en construcción, equivalente al 17% del PBI de Chile (World Bank, 2024) (calculados con costos de mínima – Crespo et al., en prep.). Bajo esta misma lógica, en la cuenca del río Mendoza, solo los glaciares descubiertos almacenan un equivalente de 12,94 km3 de agua (Millán et al., 2022); su reemplazo mediante embalses superaría los 19.500 millones de dólares, 1,23 veces el PBG de Mendoza (IERAL Mendoza, 2025) y el 3,23% del PBI de Argentina (World Bank, 2024). Estas cifras son vitales para una cuenca que abastece al 65% de la población de la provincia (1,3 millones de habitantes). Todo esto subraya el invaluable servicio ecosistémico que estos cuerpos de hielo brindan de forma gratuita, ocupando menos del 1% de la superficie regional (Crespo et al., en prep.)
Por tales motivos, la Ley actual protege reservas vitales para la supervivencia humana y de los ecosistemas vinculados. Sus aguas permiten sostener el consumo doméstico, industrial, agroganadero e hidroeléctrico en períodos de sequía como el que actualmente transitan las provincias de Mendoza y San Juan (conocida como megasequia, desde 2010 hasta hoy), situación que será la nueva normalidad a mediados de este siglo.
En relación a la supervivencia humana, merece especial mención la Resolución 64/292 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de julio de 2010, por medio de la cual se reconoció explícitamente el derecho humano al agua (y al saneamiento), reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna, implicando el derecho de cada uno a disponer de agua suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico (Elías, 2019). Así, la Ley que se está pretendiendo modificar coadyuva de una manera fundamental a la consagración y al cumplimiento de dicho derecho humano.
Una de las ficciones más difundidas en el marco de este intento de modificación es que la Ley de Glaciares fracasó, ergo debe cambiarse. Según los informes oficiales publicados por la Auditoría General de la Nación desde 2017, ni el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) del CONICET (encargado de la confección del Inventario de Glaciares) ni la propia Ley acusan fallas. Los incumplimientos provienen de las provincias (Autoridades de Aplicación) y de los organismos nacionales de gestión tales como Ministerios, Secretarías o Direcciones respectivos (Rojas y Wagner, 2021). Entonces, ¿por qué no explicar qué actores fallaron en la aplicación de la Ley, reflexionar sobre el porqué, y pensar mejoras en base a ello? (Lana et al., 2025).
Glaciar Vinciguerra, en Tierra del Fuego. Foto: Guillermina Elias.
Otro mito proveniente de los sectores que impulsan la modificación es que la gran minería (principalmente metalífera y ejecutada por poderosas empresas trasnacionales) no tiene suficiente apoyo. Quizás por suficiente se entiende absolutamente “todo”. Estos proyectos cuentan con el respaldo del conocido Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI), que es un sistema institucional e impositivo que otorga más ventajas competitivas para estas actividades, desatendiendo incluso normas ambientales (FARN, 2024). En paralelo, poco se habla de la minería de arenas y canteras, afectada por la merma que la situación económica actual imprime sobre la industria de la construcción. También es una falacia que la actual Ley no estipule estudiar los glaciares en niveles superiores al de inventarios, por ejemplo, mediante balances de masa. Eso ya está previsto, por lo tanto esta propuesta no es una innovación de la reforma que se anuncia como superadora.
Sumado a ello, no hay evidencia de que la actual Ley de Glaciares haya frenado inversiones. No se ha explicitado en documentos oficiales que, por culpa del bajísimo porcentaje de superficie glaciar en Cordillera, algún proyecto se haya frenado en nuestro territorio. No existe constancia de emprendimiento turístico, minero, petrolero o agrícola obstaculizado por la Ley vigente.
En resumen, la Ley actual consagra a los glaciares y al ambiente periglacial como bien público, porque son reservas estratégicas cuyo fin es sostener la vida (Wagner, Elías y Bueno, 2018). La ley actual tiene grandes fortalezas y sus debilidades se deben a la inacción de ciertos actores, paradójicamente, a los que la reforma les quiere dar el poder de decisión.
Referencias
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Autores
Facundo Rojas (frojas@ffyl.uncu.edu.ar) es Doctor en Geografía. Investigador Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Profesor Titular del Departamento de Geografía, de la Universidad Nacional de Cuyo. Ha dictado cursos de posgrado en diferentes universidades argentinas y del exterior. Ha participado de proyectos de investigación a escala nacional e internacional. Investiga procesos ambientales a partir de documentación histórica, especialmente procesos espaciales vinculados a bosques nativos e hidroclimatológicos sobre lo cual ha publicado numerosas publicaciones. Es vicepresidente de la SOLCHA (Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental) y miembro del Grupo de Trabajo Grupo de Trabajo CLACSO Ecología(s) política(s) desde el Sur/Abya-Yala.
Sebastián Crespo (screspo@mendoza-conicet.gob.ar) es Ingeniero Agrónomo, Doctor en Ciencias Aplicadas y doctorando en Geografía. Se desempeña como investigador en el IANIGLA-CONICET, donde su labor se centra en la identificación y cuantificación de aportes hídricos en ambientes glaciales y periglaciales mediante análisis iónicos e isotópicos. Ha sido representante científico en la tramitación de la Ley de Glaciares y la reforma del Código de Aguas en Chile, además de participar en el primer proceso de reforma constitucional vinculado al Estatuto de la Criósfera y Glaciares. En Argentina, colaboró en el cronograma de la Ley Nacional de Glaciares 26.639. Integró el Consejo Provincial Ambiental de Mendoza y el Comité de Cambio Climático de la Región de Valparaíso. Ha desarrollado investigaciones en el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 y el Centro de Acción Climática de la PUCV. Es autor de diversas publicaciones científicas enfocadas en la hidrología de montaña, la vulnerabilidad hídrica frente al cambio climático y la caracterización de procesos hidroquímicos para la gestión de cuencas cordilleranas.
Lucrecia Wagner (lwagner@mendoza-conicet.gob.ar) es Doctora en Ciencias Sociales y Humanas por la Universidad Nacional de Quilmes y Licenciada en Diagnóstico y Gestión Ambiental por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN). Investigadora Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), coordina en Argentina el proyecto “Just Renewability: Contesting public deliberation in the energy transition (JURE)”. Integrante del Grupo de Historia Ambiental del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), investiga conflictos ambientales y movilizaciones sociales relacionados con proyectos extractivos. Analiza la interacción entre los procesos de movilización social y los procedimientos de evaluación de impacto ambiental de los proyectos cuestionados, con especial énfasis en la legislación ambiental y los mecanismos de participación social. Actualmente estudia los impactos ambientales y los debates públicos en torno a las energías renovables, en el marco de la transición energética.
Ezequiel Toum (etoum@mendoza-conicet.gob.ar) es Ingeniero Civil y Doctor en Ingeniería Civil con especialización en hidrología. Se desempeña como investigador en el Grupo de Glaciología e Hidroclimaología Andina del IANIGLA-CONICET. Desde hace más de una década estudia los procesos físicos que determinan la disponibilidad de agua en los Andes, con foco en la Cordillera de Mendoza. Trabaja con grandes volúmenes de datos hidrometeorológicos —observacionales, satelitales y de reanálisis— y desarrolla modelos numéricos que permiten comprender y proyectar el comportamiento del ciclo hidrológico en ambientes de montaña. Es miembro del grupo de modelización numérica de la comunidad científica ANDEX y ha contribuido activamente a diversos proyectos vinculados a la gestión del agua y la evaluación del impacto del cambio climático en cuencas cordilleranas, dos de ellos en colaboración directa con el Departamento General de Irrigación de Mendoza (DGI). Es además autor de diversos artículos científicos y revisor en revistas especializadas de primer nivel.
Guillermina Elías (gelias@mendoza-conicet.gob.ar) es Doctora en Relaciones Internacionales. por la Universidad Nacional de Rosario y Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Congreso. Posgraduada en Gestión Ambiental Estratégica. Becaria Postdoctoral del Grupo de Historia Ambiental, Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), CONICET. Es profesora de Relaciones Internacionales y Política Ambiental Internacional en las Universidades del Aconcagua, de Congreso y Nacional de Cuyo en Mendoza; así como en la Universidad Nacional de La Plata. Es investigadora del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI), Universidad Nacional de La Plata y del Centro de Políticas Ambientales (CEPAS), Universidad Nacional de Rosario. Ha participado en proyectos de investigación a escala nacional e internacional. Además, es autora de diversos artículos científicos y revisora en revistas especializadas. Sus líneas de investigación giran en torno a la geopolítica de recursos hídricos transfronterizos, hidropolítica e hidrodiplomacia.


