En mayo de 2024, cientos de manifestantes climáticos intentaron ocupar la fábrica de vehículos eléctricos Tesla ubicada en el municipio de Grünheide (Mark), en las afueras de Berlín. El motivo detrás de las protestas era los impactos de la ampliación de la planta en el suministro de agua potable y la deforestación del bosque local. Pese al rechazo social, el gobierno de Grünheide (Mark) autorizó el plan de la empresa para duplicar la producción causando un nuevo ciclo de protestas más combativas. Este evento disparador -ocurrido en el corazón verde europeo- invita a reflexionar de forma integral sobre la cadena de valor detrás de la electromovilidad, considerando también los conflictos socioambientales que genera en las inmediaciones de las plantas, como así también en los lugares donde se desarrolla la extracción de los recursos naturales que la hacen posible, como es el caso del litio. De hecho, la minería de litio en América Latina es altamente contestada desde hace años por las comunidades indígenas que denuncian la afectación de sus recursos hídricos y el despojo de sus territorios en pos de la extracción de este mineral por parte de las empresas extractivas.
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