Conservación del agua en la Puna ¿Cómo se gestiona un recurso invisible?
Por Verónica Kwaterka* y Joaquín Orzanco**
Te mencionamos tres ideas principales sobre la nota:
- La expansión reciente de la minería de litio ocurre en un escenario de déficit estructural de datos hidrológicos, con redes de monitoreo insuficientes y registros fragmentados que dificultan conocer cuánta agua hay y cómo circula en las cuencas.
- En sistemas frágiles como los salares de la Puna, donde el agua subterránea es la principal reserva, la falta de evidencia científica impide evaluar impactos acumulativos y diferenciar entre variabilidad natural, cambio climático y efectos de la actividad minera.
- Frente al auge del litio, la generación de conocimiento independiente y de acceso público se vuelve central: cuantificar el agua disponible es una condición básica para regular la actividad, reducir la incertidumbre y evitar decisiones basadas en información incompleta o sesgada.

Imagen de Verónica M. Kwaterka de la cuenca Laguna de los Pozuelos y su biodiversidad, Provincia de Jujuy (2025).
La Puna argentina forma parte del llamado “Triángulo del Litio”, junto con el altiplano boliviano y el desierto de Atacama en Chile. Se trata de una región de extrema aridez, donde el agua superficial y subterránea constituye un recurso escaso y fluctuante. A pesar de esto, el recurso hídrico, esencial para la subsistencia de las comunidades locales y el sostenimiento de los ecosistemas de humedal, carece de un sistema de monitoreo adecuado e integrado a escala regional.
En este contexto de incertidumbre ambiental, avanzan numerosos proyectos de exploración y algunos de explotación minera. La Puna posee una tradición minera centrada en la explotación de metales (oro, plata, etc.), boratos y sal de cosecha, tanto a escala artesanal desarrollada por las comunidades locales como a escala industrial. Sin embargo, en los últimos años, y particularmente entre el 2025 y 2026, aumentó considerablemente la cantidad de proyectos mineros, a los que también se sumaron otros que tienen al litio como objetivo, impulsados por la creciente demanda global asociada a la transición energética.
De acuerdo al Informe mensual sobre el origen de las exportaciones mineras de abril del 2026, elaborado por la Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera en base a los datos de la Aduana Argentina, los proyectos mineros en etapa de explotación dentro de la Puna son: los proyectos Cauchari-Olaroz (litio), Salar Olaroz (litio), Mina Chinchilla-Pirquitas (plata, plomo y zinc), La Providencia (plata, plomo, cobre y zinc) y Mina Aguilar (plomo, plata, zinc, antimonio) en la provincia de Jujuy; Mina Lindero (oro), Mina Centenario-Ratones (litio) en Salta, y Mina Fénix (litio); Tres Quebradas (litio) en Catamarca; y el proyecto Sal de Oro compartido entre las provincias de Catamarca y Salta. Las exportaciones mineras de estas provincias han crecido considerablemente desde el año 2025, especialmente debido a la exportación de litio, cuyo principal importador es China.
Esta expansión acelerada ocurre en un escenario de limitada información pública y ausencia de sistemas de monitoreo ambiental robustos, lo que evidencia una fragilidad institucional a nivel provincial para garantizar una gestión sostenible de un recurso tan crítico como el agua (ver Imagen 1).
Imagen 1: Informe mensual de exportaciones mineras en el NOA para abril del año 2026
Fuente: Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera a partir de la información de la Aduana Argentina.
¿Dónde están las mayores reservas de agua en la Puna?
El desarrollo de actividades productivas a gran escala en esta región resulta desafiante debido a las características propias de su sistema natural. El Altiplano-Puna es una meseta sobreelevada a unos 4.000 msnm promedio y su rasgo más característico es que está formado por una serie de cuencas cerradas donde el agua que precipita no tiene salida al mar.
Estas cuencas tienen un equilibrio hídrico delicado, que depende de la diferencia de agua que entra (recarga) y sale (descarga) del sistema. La recarga se da por las precipitaciones y el deshielo durante el verano en las zonas montañosas, donde el agua circula superficialmente por los cursos fluviales y subterráneamente por los acuíferos hacia las zonas más bajas en el centro de la cuenca. Estos flujos de agua suelen formar salares, barreales o lagunas temporarias ubicados en la zona central de las cuencas. Aquí se produce la mayor descarga o salida de agua del sistema, mediante evaporación y transpiración de la vegetación, en condiciones de elevada insolación y acción del viento (García, 2020).
Dado que las precipitaciones en la Puna son escasas (menos de 150 mm/año) y la evapotranspiración es muy intensa, se genera un ambiente extremadamente árido con escasas reservas de agua dulce (García et al, 2016). Por estas razones, el agua constituye un recurso escaso, vital y estratégico para el desarrollo de las economías locales, al mismo tiempo que sostienen la biodiversidad de los ecosistemas de humedal presentes. Las economías de subsistencia de las comunidades originarias se sustentan principalmente en actividades agrarias -especialmente el pastoreo-, la producción de artesanías y la minería artesanal, complementadas por actividades terciarias vinculadas al comercio, los servicios de salud y educación, y, en algunos casos, el turismo comunitario. En la Puna, la principal actividad económica es la ganadería, orientada a la cría de ovinos, caprinos y camélidos para la producción de carne y lana, actividad en la que la disponibilidad de agua dulce constituye un recurso esencial.
El agua dulce que entra al sistema lo hace desde las zonas montañosas mediante el deshielo de los ambientes glaciarios y periglaciarios. Una parte se escurre superficialmente en cursos de agua temporarios, pero la mayor parte se infiltra y se acumula en los acuíferos ubicados en las zonas montañosas y pedemontanas (Imagen 2). A medida que el agua de los cursos fluviales y acuíferos fluyen hacia el centro de la cuenca, ésta se enriquece en sales y va perdiendo su calidad química como agua apta para consumo y riego.
De esta forma, el agua subterránea contenida en los acuíferos constituye una de la mayores reservas de agua de las cuencas, las que, por su naturaleza subterránea, son difíciles de observar, cuantificar y modelar. El funcionamiento de cada cuenca posee características particulares, por las variaciones climáticas locales, la distribución del relieve y la compleja conectividad de su sistema de acuíferos. Por estas razones, el estudio y monitoreo continuo de estos sistemas requiere grandes inversiones, ya que se deben integrar datos temporales de caudales de ríos y arroyos, variables meteorológicas, fluctuaciones del nivel de agua en los acuíferos mediante la construcción de pozos y análisis físico-químicos del agua en distintas secciones de una misma cuenca.
Imagen 2: Modelo conceptual del ciclo del agua en una cuenca cerrada de la Puna.
Fuente: Kwaterka y Orzanco (2023).
¿Qué relación hay entre el agua y el litio?
El litio se encuentra disuelto en aguas subterráneas de alta salinidad -denominadas salmueras- dentro de los acuíferos que se ubican en las zonas bajas de la cuenca, por debajo de los salares, lagunas o barreales. Es en estas zonas donde los emprendimientos mineros construyen campos de bombeo de pozos con el objetivo de extraer grandes volúmenes de salmuera. Posteriormente se utilizan métodos para concentrar el litio presente en la salmuera (evaporación en piletones o extracción selectiva) y, por último, se lleva el material a plantas de procesamiento para convertirlo en carbonato de litio, tratamiento que también demanda extracción de agua, pero de baja salinidad y en menor volumen.
La alta demanda de agua de esta actividad se ve agravada por la presencia de los proyectos mineros metalíferos, que se suelen desarrollar en las zonas montañosas, y que también extraen agua para el procesamiento de los minerales explotados, afectando los volúmenes de recarga de las cuencas. Las evaluaciones ambientales generadas para cada proyecto no contemplan la sinergia y potenciales efectos combinados entre ambos tipos de minería, que producen demandas de agua distribuidas tanto en la zona de recarga de las cuencas como en las zonas de descarga donde están alojadas las salmueras y el litio.
El principal riesgo de esta actividad en las cuencas puneñas es provocar un desequilibrio entre los sistemas superficiales y subterráneos, mediante la extracción de volúmenes de agua mayores a los que pueden recargar las lluvias y el deshielo cada año. Estos desequilibrios pueden provocar desecamiento y salinización de reservas de agua dulce, afectando directamente a los ecosistemas de humedal y a las comunidades que dependen del agua (Sticco et al. 2021).
Cuantificar para proteger
Para prevenir estos impactos, es necesario contar con datos ambientales que den cuenta del funcionamiento de cada cuenca. Sin embargo, existen numerosos problemas con la escasez y segmentación de los registros disponibles.
La red de estaciones meteorológicas e hidrológicas es extremadamente limitada: vastas áreas carecen de información básica sobre precipitaciones, caudales, niveles freáticos o calidad del agua, información indispensable para conocer las limitaciones hídricas de cada cuenca.
De hecho, la infraestructura de adquisición de datos en la Puna se ha reducido considerablemente en las últimas décadas, en vez de aumentar con el avance de la tecnología y de las inversiones mineras. Estas situaciones revelan la falta de inversión en capacidades técnicas e infraestructura de monitoreo por parte de las provincias, para poder construir una línea de base ambiental integrada que permita predecir y prevenir los impactos negativos de la minería en los territorios.
Los registros actuales e históricos a cargo de organismos nacionales o provinciales presentan numerosas discontinuidades y escasa cobertura real, en tanto que los estudios y monitoreos realizados por las empresas mineras suelen ser parcializados, poco representativos y de limitado acceso.
Con frecuencia las empresas no adquieren datos primarios (medición directa) hasta la etapa de explotación o exploración avanzada; y la información hidrológica superficial y subterránea adquirida se restringe espacial y temporalmente a los límites y períodos que duran las concesiones o permisos de la actividad. Este abordaje deja de lado el estudio de la cuenca como un sistema con distintos niveles de conectividad y con variaciones estacionales e interanuales relevantes.
De esta forma, la responsabilidad de integrar los datos adquiridos por las empresas recae en organismos provinciales, encargadas de evaluar los proyectos que avanzan simultáneamente en cada cuenca. En muchos casos estos organismos no tienen recursos humanos ni económicos para enfrentar estas labores.
La falta de líneas de base ambientales impide distinguir entre la variabilidad natural del sistema, el cambio climático y los efectos de la actividad minera. Esta superposición de factores genera una “zona gris” que alimenta la incertidumbre.
Futuros desafíos…
Existen debates impostergables que la sociedad argentina debe afrontar en torno al litio: cuál será el valor agregado que el país pueda aportar en la cadena de producción de baterías, cómo se distribuirá la renta minera entre las provincias y las localidades y de qué manera se repartirán los beneficios del boom extractivo. Sin embargo, existen aspectos técnicos ambientales en los que no debería haber discusión: la gestión del agua —recurso común, limitado y compartido con las comunidades puneñas— no puede quedar subordinada a los ritmos del mercado ni a los vaivenes del precio internacional del litio.
El desarrollo minero actual en las provincias del noroeste argentino avanza en un contexto de altísima incertidumbre hídrica, debido no sólo a la falta de datos, sino también de una estructura institucional que aún no ha integrado la hidrogeología de la Puna como un componente central de la política ambiental y minera.
El agua subterránea, relegada durante los procedimientos de evaluación de impacto ambiental, es el principal factor limitante a nivel ambiental y su uso debe ser gestionado con transparencia.
Más allá de la polarización entre quienes ven en el litio una oportunidad histórica o una amenaza ambiental, hay un punto de encuentro posible: reducir la incertidumbre. Conocer cuánta agua hay, cómo circula y quién la usa constituye un desafío técnico, cuya implementación efectiva depende, en última instancia, de decisiones políticas.
Bibliografía:
Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera (2026). Informe Mensual del Origen Provincial de las Exportaciones Mineras de abril del año 2026. Secretaría de Minería. https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2026.04_origen_provincial_de_las_exportaciones_mineras.pdf
García Rodolfo, Kruse Eduardo, Etcheverry Ricardo O., Tessone Mario O.R., Moreira Pilar. (2020). Características hidrogeológicas de los salares en la Puna Argentina. En: El litio en la Argentina: Visiones y aportes multidisciplinarios desde la UNLP.
García Rodolfo (2016). El agua subterránea en el Altiplano Argentino: Recurso estratégico para el desarrollo de la región”. En: 3rd International Workshop on Lithium. Industrial Minerals and Energy, San Salvador de Jujuy, Argentina.
Kwaterka Veronica Verónica M. y Orzanco Joaquín (2023). Problemáticas ambientales en torno a la explotación de litio en la puna argentina. En: XXVII Congreso Nacional del Agua (CONAGUA), Buenos Aires, Argentina.
Sticco Marcelo, Guerra Gabriela, Kwaterka Verónica M. y Valdés Santiago P. (2021). Impactos ambientales de la explotación de litio en los humedales y recursos hídricos del Altiplano. En: Informe Técnico de la Fundación Humedales.
*Verónica M. Kwaterka (vkwaterka@unsam.edu.ar) es Doctoranda en Ciencias Ambientales de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y Licenciada en Ciencias Geológicas en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se desempeña como docente de hidrogeología y riesgo geológico en la Universidad de Buenos Aires y para su doctorado trabaja en el plan de «Caracterización de la dinámica hidrológica y geomorfológica de los ecosistemas de humedal en la cuenca de la Laguna de los Pozuelos (Jujuy) mediante herramientas de teledetección».
Área de trabajo: hidrogeología; geomorfología; riesgo geológico; humedales; ciencias ambientales.
**Joaquín Orzanco (jorzanco@unsam.com) es Doctorando en Ciencias Ambientales de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y Licenciado en Geología de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Es becario doctoral CONICET 2021-2027 (IIIA/CONICET-UNSAM). Para su doctorado, está trabajando con el plan “Funciones ecosistémicas de regulación hídrica-biogeoquímica de suelos de humedales de la región pampeana. Retención y dinámica de glifosato-AMPA en suelos de humedal.”
Área de trabajo: humedales; suelos; pesticidas; funciones ecosistémicas; ciencias ambientales.


